Provoleta
Leche: Vaca
Tipo: Pasta dura, hilada, corteza natural
Denominación de Origen: No
Materia grasa: 49%
Maduración: De 2 a 3 meses
Aspereza: Suave
Vino: Cerveza
País de origen: Argentina
HISTORIA
Si hablamos de “Provolone” y “Provoleta”, lo primero que se nos puede ocurrir es que: ¿no son lo mismo?
El Provolone es el original. Es un queso que viene de Italia dónde se producen en piezas de 10 a 15cm con diversas formas; pera alargada, salchicha o cono.
La Provoleta llegó a la Argentina en el año 1940 de la mano de Natalio Alba, un inmigrante italiano oriundo de Rossano, un municipio italiano de la provincia de Cosenza Calabria, y especialista en lácteos. Fue gracias a él que el Provolone italiano comenzó a ser consumido en Argentina en los asados.
Así como la denominación de origen provolone significa “provola grande” el término provoleta se refiere a un queso derivado del provolone, pero con características propias y un carácter local (argentino) habida cuenta del éxito que estaba obteniendo en los legendarios Carritos de la Costanera que eran carros con ruedas instalados a lo largo de la Costanera Norte donde podían saborearse delicias locales, en especial asado
ASPECTO
Es un queso madurado de textura elástica, dura, compacta y quebradiza. De origen italiano de pasta hilada, esto es que la cuajada se funde con agua a 80ºC durante su elaboración y se trabaja en forma envolvente para formar capas concéntricas, dándole una forma de cilindro.
Además, posee un sabor levemente picante, que la convierten en un alimento muy característico e inconfundible. Sus rasgos esenciales son los de un queso fuerte, pues ha de permanecer madurando al menos un mes para adquirir su textura, aroma y coloración amarillenta que son emblemáticos de este astro de la quesería rioplatense. En Argentina se conoce como queso Parrillero.
USO
Antes de comenzar el asado, muchos argentinos prefieren degustar un delicioso pedazo de Provoleta. Este tipo de queso que se funde de forma muy especial, sirve para lo que llaman “engañar el estómago”, especialmente cuando el asado se está haciendo y llegan todos antes de que esté terminado.
Se acostumbra a comerlo en rebanadas de un dedo de espesor doradas en una plancha con aceite de oliva, con especias o con una rebanada gruesa de tomate y orégano. Funde muy bien con el calor y gracias a la corteza que rodea la rebanada se mantiene redonda. También se pueden emplear algunos trucos, como enharinarlo un poco para evitar que se funda en exceso, se puede acompañar con cerveza y embutidos.